roberto rodríguez/ lavanguardiaJean-Marc Bosman es una de las personalidades más importantes de la historia del fútbol. Su tozudez permitió cambiar las normas a nivel internacional para el traspaso de futbolistas pero, lejos de beneficiarle, a él le condenó tanto profesional como personalmente de por vida.
Pese a todo lo que ha dado por el deporte y por sus compañeros de profesión nadie le ha reconocido su mérito y hoy vive en una pequeña casa en las afueras de Lieja, es alcohólico y sobrevive gracias a subvenciones estatales.
Desde hace 15 años todos los jugadores europeos se aprovechan del caso más famoso de la historia del deporte. La ‘Ley Bosman’ cambió la regulación de traspasos en el continente y una de las consecuencias directas fue la liberalización de un mercado que ha elevado los sueldos de la mayor parte de jugadores.
Bosman denunció a su club, el Lieja, por no dejarle salir pese a haber concluido su contrato. Su equipo le ofrecía una rebaja del 60% en el sueldo, por eso decidió fichar por un segunda francés, el Dunquerke. Pero el Lieja no estaba dispuesto a perder a su jugador y reclamó una compensación de más de 800.000 dólares.
Después de un durísimo proceso, que se alargó durante cinco años, Bosman (sigue leyendo)