domingo, 18 de septiembre de 2011

El narrador deportivo

foto: Abc

Es raro el año que la liga de fútbol no empieza con alguna polémica. Este año dos son las más divulgadas: la huelga convocada por los jugadores por impagos de nóminas y fichas, que impidió la primera jornada, y la polémica decisión de la Liga de Fútbol Profesional, aliada con la productora Mediapro -propietaria de los derechos de explotación televisiva del campeonato- para no dejar pasar a los estadios a los locutores de las radios que no paguen un canon por derechos de transmisión.

Las radios se unieron para boicotear cualquier negociación. Entienden que el derecho a la información les otorga libertad para entrar en los estadios, como han venido haciendo desde hace dédacas, y no contemplan un nuevo escenario en el que tengan que pagar por informar sobre un acontecimiento, el fútbol, del que se ha llegado a legislar como "interés general". El boicot ha sido relativamente sencillo porque el narrador radiofónico puede transmitir lo que ve en una pantalla de televisión, y no necesita acceder al estadio.

En "Aquellos domingos de fútbol y radio", José Carlos Sánchez en Abc recoge impresiones de periodistas deportivos, viejas glorias y en activo, y profesores. El motivo central es sentimental: la radio siempre fue compañera del balompié. Y ayudó a popularizar este deporte y aumentar el negocio de los clubes, que ampliaron estadios, aumentaron su oferta y recaudaron mayores cantidades. Sin embargo, la realidad económica de muchos clubes de fútbol hoy es apurada, y no pocos son morosos, casi todos están sobreendeudados. Es la realidad más cruda.

El caso de Héctor del Mar, que narró ligas en Radio Intercontinental, a finales de los 70 y la década de los 80, puede servir como ejemplo del cambio en el oficio, que también se ha dado. Los primeros recuerdos con su voz son aquellos domingos empantanados en un atasco volviendo del río. De las ventanillas bajadas por el calor sofocante de la meseta, su inconfundible timbre resonaba en casi todas las radios de coche. Cambió el ritmo de la narración de los partidos, con un estilo más cantarín y suramericano, adornado con motes de su cosecha que describían alguna cualidad del futbolista. La narración de Héctor del Mar llegó a ser tan artística y apreciada como las cabriolas de Hugo Sánchez tras conseguir un gol. Sin embargo, él cobraba mucho menos que el astro mejicano, es fácil suponer. Su heredero natural como narrador futbolero, Manolo Lama, no sólo tiene contrato con una emisora de radio, una televisión y un diario deportivo, sino que amplía el negocio subarrendando su voz en el videojuego sobre fútbol más vendido. Es fácil pensar que gana mucho más que Héctor del Mar.

Y es que el narrador radiofónico, hoy, cohabita también con los becarios que teclean los partidos que ven por la tele para las páginas web de los diarios de papel. Estos últimos, invisibles y mal pagados, aún no tienen voz en este conflicto de intereses.