El clásico fue siempre de cara para el Real Madrid. Con los cuatro puntos de diferencia y el juego del Barça atascado. Por eso, la celebración de CR9 (1-2) está fuera de lugar. Además, no se entiende. Qué quiso decir.
Las manos manoteando hacia el suelo, como diciendo vale ya o calma o relajáos o menos lobos. Pero el Camp Nou se estaba comportando de manera ejemplar. No había ningún motivo para mandarle callar.
Y después, el dedo índice márcandose el pecho como un niño marca con tiza su nombre escrito en la pared, en plan chulángano, haciendo aspavientos. Reclamando algo que sólo se consigue cuando los demás lo reconocen, no cuando se exige sin venir a cuento. Algunos periódicos dicen pajareramente que "reclama su trono". Qué trono.
El Real Madrid ganará este año el título de liga con abultados registros y un juego fácilmente olvidable. La liga española va a menos, porque la brecha bipartidista aumenta sin remedio, por culpa de los derechos de imagen y de retransmisión. El mejor jugador del mundo sigue siendo Leo Messi, sin contestación posible. Arte y eficacia, saber ganar y perder, lo avalan.
