jueves, 8 de abril de 2010

A propósito de Pellegrini y el caso Guti

El próximo partido es una reválida para el entrenador del Real Madrid, además de casi el único ticket que le queda al equipo para optar al título de Liga. Pellegrini lleva siendo discutido medio año. Los comentaristas reconocen que ha armado un equipo más fiable en defensa que el de la campaña anterior. Los comentaristas admiten que ha ganado solidez su juego y espíritu ganador. Pero también añaden que la plantilla madridista es muy costosa para ser apedado de dos títulos, copa del Rey y Champions League, tan pronto y con dos descalabros tan sonados: Alcorcón y Lyon.

Casi nunca se atiende a que Manuel Pellegrini es un empleado más, apenas un peón en el organigrama blanco. El presidente, el director deportivo y su nutrida corte de mandados -de Miguel Pardeza a Zinedine Zidane o Emilio Butragueño- nublan, en cierto sentido, la labor del entrenador. El actual entrenador del Real Madrid no decide el fichaje de Cristiano Ronaldo ni el de Xabi Alonso ni el de Kaká ni el Benzemá. El entrenador poca culpa puede tener de que en su plantilla apenas haya centrocampistas de creación. El problema del entrenador del Real Madrid es del equipo, un equipo que se hace a base de talonario y estudios de mercadotecnia. Pellegrini lo sabía cuando firmó. Cómo funciona el invento.

Guti en sus doce o trece o catorce temporadas en Chamartín jamás ha sido un jugador fijo en las alineaciones del equipo. Con ningún entrenador. Ha envejecido, con todo su talento, como un volante de pellizco, con rasgos geniales. Su apatía vital pudo ser su peor enemigo. O que por el banquillo madridista hayan desfilado tantos distintos con visiones diferentes de cómo se juega al fútbol. Y la hinchada merengue, poco dada a las florituras, nunca ha logrado verse reconocida en la ultramoderna estética del mediapunta de Torrejón de Ardoz. Seguramente estamos ante su último año: que el goteo dure. El partido contra el Barçá será un test casi definitivo, también para él.